Skagen, entre el Báltico y el mar del Norte

En el extremo septentrional de Dinamarca se encuentra Skagen, en una larga lengua de arena bañada por el agua de dos mares: el mar del Norte al oeste y el Báltico al este. Permanentemente azotada por el viento su paisaje alimenta la imaginación: dunas gigantes, aves migratorias que hacen parada en sus playas y casas vajas pintadas de amarillo junto al litoral.

Skagen fue uno más de los pequeños pueblos de pescadores diseminados por la costa de Jutlandia hasta que fue “invadida” por los artistas románticos escandinavos del siglo XIX. Ellos dinamitaron la tranquilidad y aislamiento de este lugar e inmortalizaron en numerosas obras pictóricas y poemas la belleza de sus costas. Muchas de esas obras se conservan en el Museo de Skagen, fundado por los propietarios del hotel Brondums, todavía activo, donde vivieron muchos de estos creadores.

Se dice que en este lugar hay una luz distinta al resto de Dinamarca, una luz nórdica que sigue atrayendo hoy a numerosos visitantes, tanto artistas como simples turistas que buscan el relax de caminar sobre las dunas, salir a pescar o simplemente deleitarse con el paisaje. Casi todo el mundo visita las playas en el extremo norte para poder decir que ha puesto un pie en cada uno de los dos mares.

Por desgracia, Skagen vive una relación dual con la arena de sus célebres dunas. Por una parte éstas son el principal reclamo turístico de la ciudad pero por otro constituyen una grave problema, ya que avanzan silenciosamente año tras año hacia el interior. Como sucede en la costa atlántica francesa de Las Landas, aquí los daneses combaten esta invasión plantando setos  que detengan la acción del viento. Un ejemplo claro de los estragos causados por la arena es la vieja iglesia de Sankt Laurentii, en Hojen, a tres kilómetros al sur de Skagen, en el mar del Norte. Abandonado, este templo fue engullido por la arena y hoy solo es visible la parte superior de su campanario. Una imagen sobrecogedora que a más de uno le puede evocar la famosa escena final de “El Planeta de los Simios” donde Taylor, el protagonista, descubre semienterrada en la playa la Estatua de la Libertad.

Se puede llegar a Skagen por carretera desde la ciudad de Fredrikshavn, situada unos 30 kilómetros al sur, en la costa oriental. Por cierto, allí atracan a diario los ferrys desde Oslo y Goteborg.

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