Aínsa, el corazón medieval del Pirineo Aragonés

Situada en un cruce de caminos, Aínsa floreció en la Edad Media como importante villa comercial del Reino de Aragón. Hoy, rodeada por el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, es una bella postal del Medievo que se mantiene viva gracias al turismo.

Aínsa, en el condado de Sobrarbe, es uno de esos lugares de los que se puede decir con toda justicia que “las piedras hablan”. Es también el único recurso que tiene para certificar su larguísima historia ya que varios incendios han destruido la ciudad en la guerra de Sucesión, la última guerra carlista y la trágica guerra civil española. Pero las piedras de sus casas, sus monumentos y sus iglesias románicas siguen allí para recordarnos la antigüedad de este lugar.

Quien llega a Aínsa se encuentra con una impresionante plaza Mayor de estilo románico en el que no resulta difícil imaginar escenas de la vida cotidiana de un mercado medieval. Es una plaza enorme pero austera adornada con un sobrio pórtico de arcos irregulares. De allí arranca la calle Mayor donde se sitúan las casas señoriales con sus respectivos escudos de armas en las fachadas, aleros de madera y piedra, ventanas enrejadas, tallas de madera en los portales, chimeneas con “espantabrujas”…

Al final de la calle se levanta la Iglesia de Santa María, también sobria y orgullosa, coronada por una torre desde la que se divisa todo el valle. Justo detrás, una fortaleza inacabada de la que se pueden admirar tres baluartes del siglo XVI. Este fue siempre un escenario de luchas, las más viejas y legendarias contra los musulmanes. Cada año impar (en 2011 toca) se celebra la Fiesta de la Morisma, la enésima versión de los “moros y cristianos” que se celebran por toda la península. En ella se representa la gesta de los García Jiménez que arrebataron la villa a los invasores árabes después de que una señal divina, una gran cruz de fuego, se les apareciera en lo alto de una encina. Esta festividad tiene lugar el primer domingo de septiembre.

Hoy Aínsa atrae a miles de visitantes al año. Sigue siendo el mismo cruce de caminos entre el Somontano y la Ribagorza y, desde la apertura del túnel de Bielsa en los años 60, también entre Francia y los valles oscenses. Los turistas franceses se han convertido en una importante fuente de ingresos para los comercios del pueblo que llegan en masa cada verano a disfrutar del Festival de Música Étnica del Castillo de Aínsa.

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