Paseo por Triana, el corazón de Sevilla

La fama e imagen del barrio sevillano de Triana se basan en los testimonios y tópicos transmitidos por una serie de viajeros románticos como Irving Washington o Richard Ford. Uno de ellos, el alemán Noritz Willkomm escribió a mediados del siglo XIX: “En Triana, un barrio de pescadores y marineros, de contrabandistas y gitanos, donde las tabernas abundan, se puede conocer la verdadera vida del pueblo“.

En realidad la esencia de Triana se basa en el corral de vecinos, modelo que desde Sevilla se exportó durante la conquista de América y que hoy se refleja por ejemplo en las vecindades mejicanas. Los corrales son modestas viviendas de una o dos habitaciones con hornillo de cocina y una alacena a la entrada. Los lavaderos y retretes eran comunes al igual que el pozo que surtía de agua a los vecinos.

La imagen clásica de Triana con las paredes encaladas y los maceteros llenos de geranios, de la guitarra y los cantes al umbral de la puerta es cosa del pasado. Muchos de estos corrales fueron derribados en los años 60 y 70 para dejar paso a los bloques de pisos.

A Triana se llega por el puente de Isabel II, que nos deja cerca del Altozano y el templete de la Virgen del Carmen. En el jardín adyacente una estatua de bronce reproduce la figura del torero Juan Belmonte. Desde el Altozano se inician las rutas clásicas por el barrio. A la izquierda se llega a la calle Betis, junto al río, llena de bares, restaurantes y mucha animación nocturna. Aquí está la Virgen de la Esperanza de Triana, que sale en procesión el Jueves Santo. A la derecha del Altozano encontramos tiendas de cerámica y alfarería, testigos del pasado industrial de Sevilla, así como innumerables tabernas y tablaos donde disfrutar de flamenco auténtico.

La mejor manera de visitar Triana es moverse a pie, aunque hay quien opta por los famosos coches de caballos que parten desde el Parque de María Luisa y la Torre del Oro, junto al Guadalquivir.

Algunas sugerencias: Hay que probar el pescaíto frito y el fino, loe principales ejes del tapeo sevillano. También acercarse a alguno de los locales para disfrutar del flamenco (inevitablemente orientado al turista) en su mismo lugar de nacimiento. En la calle Betis aun existen barberías que conservan su atmósfera tradicional, las mismas que inspiraron la ópera de Rossini “El barbero de Sevilla”.

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