Atlas, el Marruecos desconocido

La cordillera del Atlas guarda algunos de los lugares más secretos de Marruecos: montañas nevadas que superan los cuatro mil metros de altitud, espectaculares cañones, poderosos ríos de aguas cristalinas, frondosos bosques de robles, pinos y cedros. Una serie de paisajes sorprendentes para un país que relacionamos con la aridez y el calor.

El Atlas marca la existencia de dos territorios completamente distintos, la de las verdes llanuras opuestas al seco e implacable desierto. La mejor época para visitar estas montañas es la primavera, cuando podemos disfrutar de días templados y noches frescas.

Los pueblos son de piedra y adobe, habitados por pastores de etnia bereber. En estos lugares la gente vive todavía de espaldas al turismo, conservando sus modos de vida tradicionales. Si viajamos por carretera desde Marrakech a Ouarzate, nos internamos en un paisaje de desfiladeros y bosques. A medida que ascendemos en altura la vegeteción se vuelve más húmeda. En la cara norte, las lluvias son abundantes; al sur reina la aridez sahariana. Aquí los pueblos viven de la ganadería y antiguamente del comercio generado por el paso obligado de las caravanas que desde el sur se dirigían a Marrakech.

En el Gran Sur la arena intenta invadirlo todo. El desierto ha avanzado en las últimas décadas, pero todavía los oueds (cursos irregulares de agua) se abren paso y hacen posible la vida a lo largo de su recorrido: palmeras, rosales y bajo bosque. También se levantan aquí antiguos ksour (fortalezas) y un buen número de cashbas, ciudadelas de tierra que parecen sacadas de algún relato de Las Mil y Una Noches. El Valle del río Draa ofrece unna increíble riqueza natural si tenemos en cuenta que prácticamente se encuentra en el mismo borde del desierto: campos de flores, espesos palmerales, casas con jardines…

Hacia el Oeste, una ruta se abre camino entre el Atlas y el Anti Atlas, hacia Taroudant y Tafraoute. La primera de estas dos ciudades es conocida como “la pequeña Marrakech“, famosa por sus zocos y su colorido.  Se encuentra relativamente cerca de la costa atlántica. Tafraoute en cambio tiene fama de ser la cuna de muchas leyendas. Sus casas son de color cre con tejados rojos. Es el lugar ideal para los amantes de la fotografía: en un escenario de grandes montañas de granito rosa, los tejados de la ciudad cambian de color a medida que se acerca la hora de la puesta de sol ofreciendo al viajero un espectáculo inenarrable.

Viajando por África las palabras clave son , , , , , , .