Moverse en Tokyo: el metro más grande de Asia

En sus vagones circulan cada día millones de viajeros. Es el metro del Tokyo, el más grande de toda Asia y el segundo más grande del mundo después del de Moscú.  Sus trece líneas recorren todos los rincones de la capital de Japón a lo largo de casi 300 kilómetros de vías.

La primera línea de metro en Tokyo (también la más antigua de todo el continente asiático) comenzó a funcionar en 1927. Desde el principio este medio de transporte se reveló como la fórmula ideal para una ciudad como Tokyo, con calles estrechas y poco preparada para admitir demasiado tráfico rodado. Así que fue creciendo con dos grandes impulsos.

El primero, durante la década de los años 30 y el segundo a partir de los años 60, en plena recuperación económica tras la derrota del país en la II Guerra Mundial.

Hoy el metro de Tokyo ha tejido una compleja red de conexiones que llega a todos los rincones de esta colosal ciudad y la conecta con los principales puntos del extrarradio. Las ventajas de este medio de transporte son enormes, pero también tiene algún que otro inconveniente. El más importante de ellos lo constituyen las aglomeraciones que cada día se producen en las estaciones en las horas punta. No se trata de un problema menor. Cada año los centros médicos del país tienen que atender a miles de usuarios del metro por contusiones y crisis nerviosas originadas por los hacinamientos en los vagones y los andenes.

En determinados momentos, la gente no cabe y tiene que ser literalmente aplastada dentro de los trenes por los funcionarios del metro, conocidos como los empujadores. Los usuarios, con disciplina nipona, esperan pacientemente a ser “colocados” en el vagón.

Con tantas aglomeraciones sería lógico que hubiera problemas de delincuencia (los famosos carteristas), sin embargo Japón es uno de los países con menores índices de delincuencia del mundo y, aunque se producen robos, sus cifras son ridículas en comparación a lo que estamos acostumbrados en otros lugares del mundo. De hecho, en Japón prácticamente nadie se cuela en el metro.

Más preocupante es el asunto del acoso sexual a las mujeres que sufren todo tipo de tocamientos en los momentos de mayor concentración de gente. Podría parecer exagerado pero en realidad por parte de algunos aprovechados. Esta práctica es tan habitual que las autoridades han llegado a reservar en algunas líneas vagones de uso exclusivo para las damas.

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