La Camarga, toros y caballos

Enclavada entre los dos brazos del delta del Ródano y el mar Mediterráneo, la región de La Camarga (en francés, La Camargue) es una de las más hermosas y peculiares del sur de Francia. Un territorio privilegiado, salpicado de marismas y humedales (los más extensos del país), muy fértil y rico en fauna. La imagen más emblemática de estas tierras es la de los caballos corriendo en libertad o los flamencos volando sobre las lagunas.

Como sucede por ejemplo en otros lugares costeros del continente, como los Países Bajos, la Camarga es un territorio fabricado por el hombre. La construcción de diques en los dos brazos del Ródano y frente al mar a lo largo de los años ha modificado la línea de costa y reducido la superficie anegada. Esto ha posibilitado el desarrollo del cultivo del arroz y la creación de salinas.

El símbolo de la Camarga es el caballo blanco, inseparable compañero del gardian (ganadero) y su principal herramienta de trabajo. El robusto caballo camargués, raza reconocida oficialmente en 1978, vive en estado semisalvaje y no duerme en cuadras sino que prefiere perderse entre las cañas. El otro gran animal, igualmente venerado por los habitantes de la región, es el toro. Aquí hay mucha afición por la tauromaquia, en concreto en la ciudad de Arles hay una escuela taurina y se celebra la “course camarguaise“, la corrida de toros en su versión francesa.

Arlès es la capital de la Camarga, en la frontera entre la Provenza y el Languedoc, es una ciudad vital y desenfadada con más de dos mil años de historia. Desde 1981 el conjunto de los monumentos romanos y románicos están declarados por la UNESCO Patrimonio Mundial de la Humanidad, y Arles es hoy Ciudad de arte y de Historia.

La gente que llega aquí, además de detenerse a gozar de su deliciosa gastronomía, viene atraída por el deseo de explorar los rincones de la Camarga: visitar el parque natural, hacer excursiones a caballo por los mismos paisajes que inspiraran las pinturas de Van Gogh, Picasso, Gauguin y otros tantos artitas, probar el vino que se cultiva en las colinas de Les Alpilles y observar los pájaros en Le Crau. En definitiva, a disfrutar de la Naturaleza.

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