La Ruta de don Quijote

Uno de los grande iconos de la cultura española y en concreto de la región de La Mancha es la figura literaria de Don Quijote, el personaje protagonista de la obra que Miguel de Cervantes hizo inmortal y que hoy representa la cumbre de las letras españolas. Aunque sus aventuras son ficiticias, el escenario por el que transcurren es muy real y está al alcance de los viajeros que se decidan a descubrir la Ruta de don Quijote.

La novela de Cervantes se inicia con un enigmático “en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme” que no aclara para nada dónde nació el ingenioso hidalgo, por lo que resuta difícil establecer un punto de partida, de modo que queda a elección del viajero qué camino tomar y por dónde empezar a recorrer estas tierras, aunque eisten cuatro etapas principales:

  1. De Puerto Lápice a Belmonte. Empezamos la ruta a los pies de los montes de Toledo. El paisaje se vuelve rápidamente llano y nos sentimos como navegantes en un mar de tierra que parece interminable. La carretera nos lleva a preciosos pueblos que siguen conservando su atmósfera tradicional, como Alcázar de San Juan y Campo de Criptana, que ha pasado a la historia por ser la villa  natal de la actriz Sara Montiel. Parada obligada en El Toboso, cuyo nombre nos evoca la patria de Dulcinea, la amada de don Quijote, pero también Mota del Cuervo y finalmente Belmonte, con su impresionante fortaleza.
  2. De Belmonte a Ciudad Real. En nustro segundo día de ruta pasaremos por Tomelloso y casi sin darnos cuenta nos veremos rodeados de viñedos. La Mancha es tierra de vinos. EL camino nos llevará sucesivamente por Argamasilla del Alba, La Solana y Daimiel. El punto final de la etapa es Ciudad Real, una ciudad en pleno auge donde podremos descansar y cenar disfrutando de la rica gastronomía local en uno de sus famosos y numerosos restaurantes.
  3. De Ciudad Real a Valdepeñas. En este tramo encontramos la que es tal vez la parada más espectacular de toda la ruta: la villa de Almagro, una joya medieval que posee un legado arquitectónico impresionante. Además es un verdadero placer pasear por sus calles y detenerse en alguna de las numerosas tabernas en las que tenemos que  probar el vino de la tierra. Si la visita nos sabe a poco, podemos quedarnos a dormir en el parador y completar así una visita irrepetible.
  4. De Valdepeñas a Ruidera. Valdepeñas es la capital de la comarca vinícola que lleva su nombre. Es absolutamente recomendable visitarla con detenimiento, probar su vino y  comprar algunas botellas. Nuestro viaje acaba en las hermosas Lagunas de Ruidera, fuentes del río Guadiana y zona húmeda protegida en la que habitan numerosas especies de aves acuáticas.

Esta ruta es una manera muy original de descubrir el legado cultural del Quijote y recorrer los bellos paisajes de La Mancha,

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