El caos encantador de Nápoles

Hay lugares que soportan estoicamente el peso de una mala fama injusta. Uno de esos lugares es sin duda Nápoles, que carga con la etiqueta de ciudad caótica, sucia y peligrosa, el hábitat de la mafia y el paraíso de la delincuencia. Quien haya visitado Nápoles sabrá de sobra que se trata de estereotipos completamente falsos. Es cierto que Nápoles es una ciudad vieja y caótica donde cruzar la calle se convierte en un deporte de riesgo, pero también hermosa y alegre, absolutamente recomendable como destino de viaje.

Como en el resto de Italia, Nápoles rezuma arte e historia en cada uno de sus rincones. Fundada por los griegos hace más de 2.500 años, fue uno de los centros urbanos más importantes de Italia, donde hubo el primer acuario, el primer museo dedicado a Egipto y también el primer ferrocarril del país. Fue capital de un reino que comprendía todo el sur de Italia más la isla de Sicilia, llegando a competir con la mismísima Roma en esplendor.

Dado que formó parte de España durante un par de siglos, en Nápoles no resulta difícil encontrar las huellas del legado español. De hecho, uno de los barrios más famosos de la ciudad se llama “Quartieri Spagnoli” y muchos napolitanos bautizan a sus hijos con el nombrfe de Fernando, por ejemplo. Solo por disfrutar de su arquitectura vale la pena pensar en un viaje hasta aquí. La Iglesia de Santa Chiara, que cuenta con un muy buen museo y un monasterio; la Catedral de Nápoles, o el Duomo, construida en el siglo XIII en honor de San Gennaro, patrón de Nápoles. son solo dos de los ejemplos más destacados. Una de las vistas más originales en Nápoles es la del Castillo del Huevo, situado en el islote de Megaride. Su nombre proviene de una vieja leyenda que dice que es un simple huevo el que sostiene toda la estructura del edificio.

Muchos ignoran que los napolitanos presumen de ser los verdaderos inventores de la pizza. Comer la pizza napolitana, cuyos únicos ingredientes son queso y salsa de tomate, es una obligación aquí y un placer sencillo y exquisito. Mejor buscar una buena pizzería en el casco viejo, rodeados del bullicio de la gente, ruidosa y hospitalaria.

También en Nápoles hay dos visitas muy recomendables. Una es la de la isla de Capri, frente al puerto, donde tuvo su residencia del emperador Tiberio. La otra, es el ascenso al monte Vesubio, el volcán que vigila la ciudad desde las alturas. Para completar la excursión hay que descender hasta las ruinas de Pompeya, la ciudad que quedó sepultada bajo la lava del Vesubio hace dos mil años.

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