Leyendas de Cabrera

La isla de Cabrera es la quinta en extensión de las Baleares. A unos pocos kilómetros del extremo sur de Mallorca, es hoy un Parque Nacional de extrema belleza y gran valor ecológico. Un territorio virgen que hasta hace unos años era terreno militar. Parece increible que un lugar tan pequeño pueda albergar tanta historias y leyendas.

Podemos llegar a Cabrera en barco desde el puerto de la Colonia de Sant Jordi en menos de una hora. En el trayecto descubrimos que la isla es en realidad un pequeño archipiélago en el que Cabrera es la isla principal. El puerto de Cabrera se levantan un par de casas, las de la Guardia Civil, los refugios de pescadores y una modesta cantina. Como es un espacio protegido, es imposible quedarse a dormir aquí, solo se permite fondear una embarcación en el puerto si se obtienen los permisos correspondientes.

En Cabrera hay un castillo en ruinas que sirvió tiempo atrás para avistar las naves piratas que llegaban del norte de África. Junto al camino que lleva arriba está el cementerio de la isla, que contiene solo dos tumbas: la de un pescador mallorquín que se ahogó en sus costas y la de un aviador alemán que estrelló aquí su caza durante la II Guerra Mundial. La leyenda decía que el fantasma del alemán vagaba sin rumbo por las noches, hasta que una delegación del gobierno germano llegó aquí, exhumó sus restos y se los llevó a su tierra para darle descanso. Parece ser que por equivocación se llevaron los huesos del mallorquín. Ahora no solo sigue el fantasma del alemán vagando por los caminos de la isla, sino que también hay un espectro mallorquín dando vueltas, desorientado, en algún cementerio de la fría Alemania.

Escoltados por las curiosas y abundantes lagartijas de cola larga, negras y brillantes, llegamos a otro de los puntos de interés de la isla: La Cruz de los Franceses. Esta isla sirvió de prisión para miles de soldados napoleónicos después de la Guerra de Independencia. Fueron abandonados a su suerte, por lo que acabaron con todos los recursos alimenticios de la isla (frutales, cabras, conejos…) e incluso recurrieron al canibalismo. La otra gran leyenda de Cabrera es la de la Cueva del Francés, de ubicación incierta, a donde un prisionero conducía a sus compatriotas uno por uno bajo la promesa de compartir la comida que tenía escondida. Cuando llegaban a la cueva, el francés mataba al pobre ingenuo y se daba un festín con su carne. La comida era él.

Estas son las dos leyendas más famosas de Cabrera, aunque no haría falta recurrir a ellas para decidirse a visitarla. Sus aguas cristalinas esconden tesoros naturales submarinos de gran valor, su costa recortada guarda joyas como la Cueva Azul, que por un efecto óptico parece iluminada por focos desde abajo, su fauna y su flora son riquísimas… Suficientes atractivos para planear un día de excursión si estamos en Mallorca.

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