Kilimanjaro, el techo de África

El Kilimanjaro, la cumbre más alta de África con 5.895 metros de altitud, se yergue poderosa al nordeste de Tanzania. Se trata de la montaña más emblemática de este continente, evocada y representada tantas veces en el arte, la literatura y el cine. Es especialmente apreciada por los aficionados al trekking y en general los amantes de la Naturaleza.

En realidad el Kilimanjaro es un volcán apagado cuya cima, rodeada de nubes, está coronada por un manto blanco de nieves perpetuas. Esta es la imagen que han hecho de él un lugar venerado durante siglos por los habitantes de estas tierras y admirado por los exploradores antes y los visitantes ahora.

Ascender a la cumbre del Kilimanjaro es un reclamo poderoso para los practicantes del turismo de aventura. No es una empresa difícil técnicamente, pero requiere de buen estado físico y  sentido común: se recomienda contratar un guía y tomar las precauciones adecuadas, sobre todo para prevenir el mal de altura. También es conveniente ir preparado para soportar el cambio de temperatura: a los pies de la montaña hace un calor sofocante, pero arriba el frío es muy intenso, ya que pasamos en unas horas del clima tropical al de alta montaña.

Cuando llegamos a la cima nos parecerá mentira que estemos en África ya que estaremos pisando un glaciar de casi 2 kilómetros de extensión. En otros tiempos fue seis veces más grande, pero debido a el calentamiento global y tal vez al perezoso despertar de la actividad volcánica, se ha ido reduciendo en las últimas décadas. Lógicamente desde lo alto la vista de las tierras que rodean el volcán son indescriptibles. Estamos en el techo de África. Los turistas más audaces también tienen la posibilidad de descender al interior del cráter.

El ascenso en sí es una experiencia inigualable. La flora que se despliega a lo largo de los pisos del volcán va desde la selva tropical en los tramos más cercanos a la base hasta la vegetación propia de los climas de alta montaña. También es posible descubrir otras maravillas como los geiseres que nos recuerdan que pisamos terreno volcánico o las incontables variedades de cactus que crecen en riscos imposibles.

Para llegar hasta el Kilimanjaro podemos contratar un transporte desde Dar es Salaam, la capital de Tanzania, o incluso desde la vecina Kenya, aunque también podemos volar directamente hasta el aeródromo de Arusha, a los pies del mismo volcán, por ejemplo desde Amsterdam con Northwest Airlines.

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