Hallstatt y el lago del espejo

Unos kilómetros al este de Salzburgo, en Austria, se levanta la cordillera de Salzkammergut, salpicada de lagos y frondosos bosques alpinos. Aunque está llena de rincones de deslumbrante belleza natural, hoy nos detenemos en un lugar con especial encanto: Hallstatt.

Aunque se puede llegar por carretera sin problemas, hay una forma mucho más boita de acercarse a este pueblo. Tomando la línea de ferrocarril que conecta las localidades de Bad Ischl y Bad Aussee. Esta línea bordea el Hallstatter See, el lago de aguas oscuras y profundas donde se asienta el pueblo.

El viajero se sorprenderá de que el tren se detenga en la orilla opuesta, pero no hay que preocuparse. Un cartel junto al apeadero nos indica que sigamos un sendero en el bosque que nos conduce a un embarcadero. Allí nos espera un pequeño barco que, sincronizado con el tren y nos transporta al pueblo por un par de euros, regalándonos un paseo de espectaculares vistas.

Esta llegada a Hallstatt nos permite admirar la estructura de sus casitas, reflejadas sobre las aguas del lago, tan quietas que parecen un espejo. El pueblo cuenta con un par de calles empedradas y muy tranquilas, donde encontramos pequeños comercios que ofrecen su producto estrella: la sal extraída de las viejas minas del lugar, hoy ya abandonadas y reconvertidas en museo.

Con la sal se confeccionan objetos de adorno y abalorios, pero también productos para el baño y para la alimentación. Precisamente es la abundancia de sal es la que da nombre a esta región: Salzkammergut. A la mina de sal (Salzwelten Hallstatt), de la cual se dice que es la más vieja del mundo, se llega a pie desde el pueblo o tomando un moderno funicular.

Sin embargo, la fama internacional de Hallstatt se debe a los hallazgos arqueológicos de la Prehistoria que se encontraron en los alrededores del lago. Tan importantes son que han dado lugar a la denominación de un periodo de la Edad de Hierro que se conoce como “Cultura de Hallstatt” (1300-400 a. C.). Sus vestigios pueden admirarse en el Museo Kulturerbe Hallstatt, de entrada gratuita, donde puede hacerse un viaje en el tiempo por los 7.000 años de la historia de Hallstatt.

Si venimso con tiempo lo más recomendable es paarrnos a comer en alguna de las terrazas al aire libre junto al lago. Podremos degustar allí el plato estrella de la región: la deliciosa trucha con almendras pescada en el mismo lago y acompañarla con uno de los famosos vinos blancos austriacos. Todo, contemplando las imponentes montañas y el ir y venir de los patos en un silencio casi irreal.

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