La “ciudad hippy” de Christiania

“You are entering the EU” (Usted está entrando en la UE). Eso reza el cartel que leen los visitantes cuando abandonan el barrio de Christiania, en Copenhague. Y es que este lugar alberga una comunidad hippy muy numerosa desde los años setenta. Tan numerosa que  sus habitantes se autoconstituyeron como una comunidad independiente y no se consideran a sí mismos miembros de la Unión Europea.

El gobierno danés y el ayuntamiento de Copenhague se mostraron desde el primer día muy permisivos con el peculiar status de Christiania, donde se permite el consumo y venta de drogas blandas y cierta dosis de autogestión.

Huelga decir que estas características atraen a muchos jóvenes visitantes de toda Europa y a más de un vecino de la capital danesa que entra a adquirir ciertos productos prohibidos en el resto del país, aun a riesgo de ser registrado por la policía al salir de allí.

Paseando por Christiania se palpa en el ambiente el espíritu soñador y colectivista de los viejos hippies: proyectos ecológicos, cooperativas solidarias y guarderías comunitarias… No es especialmente bonito ya que la mayor parte de las construcciones son precarias, pero está lleno de vida y colorido. La verdad es que el contraste la sobriedad de Copenhague es enorme.

La calle principal es la Pusher Street, repleta de bares atestados, tiendas de artesanía y centros culturales de todo tipo. Hay exposiciones de arte, música callejera, llamativos murales con proclamas políticas… Por desgracia el paseo queda deslucido por la inevitable presencia, cada vez menos frecuente, de los heroinómanos que consumen en plena calle y que a menudo tienen que ser recogidos del suelo. Daños colaterales de la libertad de venta y consumo de estas sustancias que los propios habitantes eligieron.

Sin embargo, en la historia de Christiania no todo ha sido paz y armonía. Por ejemplo, en los años ochenta, cuando el consumo de heroína se disparó y con él el aumento de la delincuencia, la policía danesa llevó a cabo numerosas redadas y trató en vano de desalojar el barrio. Las autoridades llegaron finalmente a un acuerdo con los vecinos por el que la propia comunidad se ocuparía de erradicar la venta de esta droga y de establecer programas de rehabilitación para los toxicómanos.

Por suerte esos turbios años han quedado atrás. Hoy se puede pasear por Christiania con la misma seguridad y tranquilidad que por el resto del país. Eso sí, teniendo siempre en cuenta que para los locales el viajero es siempre un visitante llegado desde la Unión Europea.

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