Luxor, viaje a los inicios de la civilización

Partida en dos mitades por el todopoderoso Nilo, la ciudad de Luxor es la gran joya del sur de Egipto, parada obligada de todos los cruceros que se realizan a lo largo del río y visita imprescindible para los amantes de la cultura egipcia, la arqueología y las civilizaciones antiguas.

En realidad, nada nuevo se puede escribir de Luxor. Sea cual sea el método que elijamos para llegar allí, el viajero no podrá permenecer ajeno a la magia que destila por todos los rincones esta milenaria urbe.

Hay que saber abstraerse del caos cotidiano propio de las ciudades árabes y sus ruidosas costumbres para descubrir poco a poco un lugar único que nos ofrece lo mejor de dos mundos diferentes: la cultura árabe y la extinta civilización egipcia.

Pero por lo que es conocida Luxor no es por su bullicioso zoco, ni por sus animadas teterías, ni por sus mezquitas, sino por su templos y sus tumbas, inmortales y sobrecogedores. La visita a Luxor, llamada Tebas por los historiadores griegos, es un viaje hasta los inicios de la civilización. Enumeremos brevemente los principales tesoros que podemos visitar en sus alrededores.

  • El Templo de Luxor, unido al templo de Karnak mediante una avenida flanqueada por esfinges. Fue construido por los faraones del Imperio Nuevo. Su entrada es imponente, con dos enormes pilonos que delimitan la puerta. Las estatuas sedentes del faraón Ramsés II parecen mirarnos con severidad. En su interior la anchura de las columnas que quedan en pie nos dan una pequeña idea de las colosales dimensiones del templo. Hoy en día su interior alberga una mezquita por lo que este complejo sigue conservando su caracter sacro.
  • El Templo de Karnak, declarado patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es considerado el templo más antiguo del Mundo. Los relieves y pinturas de las columnas de su sala hipóstila, con capiteles en forma de hoja de papiro, son imágenes que nos trasladan a un mundo ya perdido.
  • El Valle de los Reyes es una necrópoplis ubicada en los alrededores de Luxor, donde descansan los faraones del Imperio Nuevo en hipogeos (tumbas excavadas en la roca). No todas las tumbas están abiertas al público, pero sí las que despiertan mayor interés por sus bellísimas pinturas. Al sudoeste se halla el Valle de las Reinas, de tamaño algo menor.
  • Los colosos de Memnón. Imposible ignorar a estas dos estatuas gemelas que representan a Amenhotep III en posición sedente, de dieciocho metros de alturas y talladas en cuarcita. En su día guardaban la entrada a un templo del que hoy ya no queda ni rastro.

Por todas estas maravillas y otras más que aquí no podemos citar por falta de espacio, Luxor es el centro turístico egipcio más conocido y frecuentado, uno de esos lugares inabarcables que dejan huella en cualquier tipo de viajero.

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