El Malecón, el alma de La Habana

Un magnífico y bello balcón asomado al mar. A lo largo de sus 8 kilómetros de longitud, La Habana se enfrenta al océano ofreciendo una de las postales más famosas y entrañables de la vieja Cuba: el Malecón.

Se trata en realidad de una larga avenida de seis carriles flanqueada por un larguísimo muro de la misma extensión, una obra construida en el año 1901 y que aún hoy perdura como uno de los grandes símbolos de la ciudad. En todo caso una visita imprescindible en cualquier viaje a la isla y, según dicen algunos, el mejor lugar para tomar el pulso de las gentes de la capital cubana.

Para el turista, se trata de una ruta urbana de especial interés. A un lado podemos contemplar la belleza del Atlántico, con las olas batiendo sin descanso en las rocas, en las que muchos habaneros nadan, se refrescan y se divierten a diario; al otro, una sucesión de edificios, monumentos y lugares interesantes que no podemos perder de vista.

Por ejemplo: el imponente edificio del Generalísimo Máximo Gómez, el del mayor general Antonio Maceo o el del General Calixto García,pero también el Castillo de la Real Fuerza de La Habana, el Torreón de San Lázaro o la sede de la Oficina de Intereses Estadounidense en La Habana.

El paseo peatonal es también el punto de encuentro de los habaneros. Allí se reúnen, con amigos o bien en familia, para disfrutar de la brisa marina, almorzar, ver la puesta de sol, cantar, bailar, conversar y reír. El alma de La Habana y la esencia de Cuba en todo su esplendor.

 

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