Holi, la fiesta más colorida de la India

Cada primavera, justo en el equinoccio, tiene lugar en la India una de las celebraciones más famosas y coloridas del mundo: la fiesta de Holi.

Todo empieza durante la víspera, cuando se encienden grandes hogueras en las plazas de las ciudades para recordar la muerte de Holika, símbolo ancestral de la victoria del bien sobre el mal. Pero no hay que tomar el Holi como una fiesta religiosa más del hinduismo, porque su espíritu es mucho menos espiritual, donde el elemento lúdico reina por encima de todo. Para muchos, se trata de una especie de carnaval al estilo oriental. Un carnaval donde la gente no se disfraza, sino que llena su piel, su pelo y su ropa de mil y un colores.

Durante los dos días que dura el festival Holi, todo el país se tiñe de brillantes colores. Cada calle, cada patio se convierte en un campo de batalla donde vuelan las nubes de polvos azules, rojos, amarillos, verdes… Como en nuestro carnaval, casi todo está permitido durante el Holi, y hay que estar preparado a ser mojado y manchado si paseas por la calle.

La guerra de los colores se acompaña de actuaciones musicales, danzas y todo tipo de diversiones. La tradición manda también regalar cajas de dulces a los amigos y vecinos  y a enterrar viejas peleas. Además existe la costumbre de hacer ofrendas a los árboles Ashoka cuyas flores rojas simbolizan el dios del amor carnal (Kama).

El origen del Holi es incierto, aunque mucha gente piensa que deriva de un antiguo culto a la fertilidad y la renovación de la vida. Lo cierto es que su éxito es enorme, y no para de crecer, exportado al resto del mundo por las colonias de emigrantes indios de todo el planeta.

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