Los tesoros del Vaticano

El estado más pequeño del mundo es también uno de los más poderosos e importantes del planeta. Esa es la paradoja del Vaticano, cuyas fronteras nacionales se hallan contenidas dentro de los límites de la ciudad de Roma.

Se puede decir que si la capital italiana es un sueño para todo viajero el Vaticano sería algo así como la guinda perfecta. Este microestado ofrece al viajero una inigualable muestra de tesoros artísticos que empezaremos a recorrer deteniéndonos en el Castello de Sant’Angelo, a orillas del Tíber, que a lo largo de su dilatada historia ha sido una prisión, la residencia del Papa, un mausoleo, una fortaleza y hoy un museo.

El siguiente paso es la grandiosa Plaza de San Pedro, una monumental obra urbanística del Renacimiento concebida para ser el epicentro del Catolicismo en el mundo, aunque es también un lugar fascinante para cualquier tipo de  viajero, sea creyente o no. Este magnífico templo está coronado por una espectacular cúpula de 132 metros de altura.

Todos los grandes genios del arte trabajaron para embellecer la Basílica de San Pedro: desde Bernini y Miguel Ángel hasta Botticelli y Rafael. El rincón más popular de este festival de arte y belleza es la maravillosa Capilla Sixtina, donde se representan la Creación del Mundo y el Juicio Final. Un lugar al que desde hace algunos años se han restringido las visitas para evitar que la contaminación dañe los frescos del techo y las paredes.

Capítulo aparte merecen los museos vaticanos donde se conservan reliquias antiguas de grandes civilizaciones de la Antigüedad. Una colección realmente increíble que supone tan solo una pequeña parte de los tesoros artísticos del Vaticano.

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