La grandeza de las Cataratas Victoria

Es uno de los paisajes más espectaculares ya no solo de África sino de todo el planeta. Las Cataratas Victoria, descubiertas al mundo occidental en el año 1855 por el legendario Dr. Livingstone, pero hacía ya mucho tiempo que las tribus makololo de la región habían bautizado a esta maravilla con el nombre de Mosi-oa-Tunya, “el humo que truena”, debido a las enormes columnas de vapor que se elevaban sobre el río, que ellos temían y reverenciaban, y a las que jamás se habían atrevido a acercarse.

Como buen británico Livingstone decidió renombar las cataratas el nombre de la Reina Victoria. Situadas en la frontera de Zambia y Zimbabue, estas cataratas prodigiosas fueron incluidas por la Unesco en la lista del Patrimonio Mundial desde 1989.

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Las Cataratas Victoria son dos veces más grandes que las sin embargo igual de famosas Cataratas del Niagara. Si hablamos de grandes cascadas y saltos de agua, solamente las Cataratas de Iguazú, entre Brasil y Argentina, rivalizan en tamaño y espectacularidad con ellas.

Pero este lugar tiene un encanto especial, por eso se cuentan por decenas de miles los viajeros que año tras año peregrinan a este templo de la naturaleza. Los más osados no se resisten a la tentación de bañarse en Devil’s Pool, la piscina del diablo, una gran bañera natural que se asoma al mismo borde de la catarata.

Pero para entender la magia de este lugar y la fascinación que ejerce en quienes lo visitan por primera vez, nada mejor que evocar las palabras del propio David Livingstone, que las describió de esta forma tan bella y apasionada:

“La caída de agua, blanca como la nieve, parecía estar formada por miríadas de cometas diminutos que se precipitaban en una dirección y cada uno de los cuales dejaba detrás de sí su núcleo de rayos de espuma (…) Un panorama tan maravilloso debe haber sido contemplado por los ángeles en vuelo”

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