Ulm y la catedral más alta del mundo

Cuando pensamos en un viaje por Baviera, en el sur de Alemania, en seguida nos vienen a la mente las imágenes de Munich, de la Oktoberfest y de las cumbres nevadas de los Alpes. Sin embargo, hay mucha sotras joyas menos conocidas que merece la pena descubrir. Una de ellas es Ulm.

La ciudad de Ulm, situada a medio camino entre la capital bávara y Stuttgart, es un destino conocido sobre todo por su impresionante catedral, el Dom, el templo gótico más alto del mundo. Nadie se queda indiferente al contemplarlo, estirando el cuello para que la vista alcance la cúspide afilada de sus torres  y pináculos. Y sin embargo, esta catedral no goza de la fama y la popularidad de otras, como por ejemplo la de Colonia, por no  salir de Alemania.

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Se trata pues de una cuestión de justicia: hay que viajar a Ulm y admirar su catedral, que se levanta majestuosamente en el centro de la ciudad a más de 161 metros de altura, un proyecto iniciado en el siglo XIV y que no se concluyó hasta 1890.

Lo que seguro que no estaba en los planes de los arquitectos que pusieron en marcha la obra de hace 700 años era que esta gigantesca catedral católica acabara convirtiéndose en un templo luterano tras la Reforma. Son los vaivenes de la historia.

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Como tantas otras ciudades alemana, Ulm también sufrió devastadores bombardeos durante la II Guerra Mundial, pero igual que pasó en Colonia, la catedral apenas sufrió daños. ¿Tanto respetaban los pilotos aliados estos lugares sagrados? Ni mucho menos. Lo cierto es que si no bombardearon las catedrales es porque sus torres les servían de puntos de referencia para sus destructivos raids. En cualquier caso, hay que felicitarse de que este edificio hay allegado a nuestros días intacto, luciendo todo su esplendor.

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