Alster, el lago de Hamburgo

Pocas ciudades en el mundo pueden presumir de tener un gran lago en su interior. Hamburgo es una de ellas, un atractivo más para sumar a la larga lista de encantos de la gran capital del norte de Alemania.

Este lago es el Alster, que se comunica con el río Elba y el gran puerto de la ciudad a través de una red de canales que arañan el centro histórico. Se dice que el agua del río se usa para comerciar y trabajar, mientras que la del lago está reservada a disfrutar, bien sea paseando por sus orillas o navegando sobre ellas en los tradicionales barcos de vapor o, en verano, remando en los botes que se alquilan en el muelle.

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En realidad este gran lago se divide en dos partes: el Aussenalster, de mayor tamaño y algo menos céntrico, y el Binnenalster, más pequeño y acogedor. El que prefieren los turistas.

La imagen más habitual del Binnenalster es la del gran chorro de agua que se eleva hacia el cielo, una versión reducida del famoso Jet d’Eau de Ginebra en Suiza, además de los barquitos de vapor antes mencionados que realizan lentos recorridos turísticos por le perímetro del lago. Además, cuando el invierno es especialmente frío el lago ha llegado a congelarse convirtiéndose en una gran pista de patinaje.

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Pero no podemos hablar del Alster de Hamburgo sin mencionar el lugar más bonito y famoso que se encuentra en sus orillas: el muelle de Jungfernstieg, llamado así porque hace siglos este era el lugar de encuentro donde las familias paseaban con sus hijas con la esperanza de que algún rico ciudadanos les pidiera su mano.

Hoy encontramos aquí elegantes cafeterías y terrazas, así como unas escaleras de madera donde se reúne la gente joven de la ciudad. Una especie de oasis de paz en el corazón de Hamburgo.

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