Los Faraglioni de Capri

Si hay una isla considerada un paraíso de sol, naturaleza y mar ya desde la Antigüedad esa es sin duda Capri. Una joya del Mediterráneo que levanta su poderosa silueta justo en frente de la Costa Amalfitana, en el sur de Italia, y que ya fue elegida como lugar de veraneo hace dos mil años por el mismísimo emperador Tiberio.

Pero hoy nos vamos a referir a un enclave muy concreto de la isla: los Faraglioni, o los Farallones de Capri, uno de sus grandes iconos y parajes más espectaculares. Se trata de impresionantes moles verticales de piedra que emergen entre las aguas junto a las costas de la isla con el aspecto de poderosos guardianes.

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Estos farallones son el resultado del trabajo milenario de la erosión sobre la roca calcárea de la isla. La Naturaleza ha esculpido y modelado estas figuras así como  acantilados, islotes y toda clase de formas caprichosas. Los Faraglioni principales son tres. Todos ellos enormes e impresionantes. Sus nombres: Stella, Faraglione di Mezzo y Scopolo.

Stella es el único de los tres que está conectado con el resto de la isla; Faraglione di Mezzo en cambio es famoso por su peculiar cavidad central, que parece un puente artificial aunque no lo es; por último, Faraglione di Fuori o Scopolo es la roca más alejada de la costa. Las tres forman un conjunto fabuloso convertido ya hoy en uno de los parajes más célebres del Mediterráneo.

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Su altura es similar, alcanzando los 100 metros. Junto a ellos, las embarcaciones que se acercan durante el verano parecen frágiles y minúsculos barquitos de juguete. La vieja fascinación que este paisaje de Capri sigue ejerciendo hoy, igual que milenios atrás, convierte a la isla en un refugio evocador para viajeros curiosos, artistas y en general veraneantes que buscan el sabor de un lugar especial.

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