El Templo Dorado de Puxian, maravilla de China

China es uno de los países más grandes y fascinantes del mundo. Podríamos viajar durante años por su vasto territorio sin cansarnos de encontrar maravillas, como la del Templo Dorado, ubicado sobre la cima de Monte Emei, en Puxian. Nadie se queda indiferente ante lo que allí ve: una majestuosa y colosal estatua de 48 metros de altura que representa a Samantabhadra Bodhisattva, un ídolo venerado por budistas de todo el mundo.

Estamos en una de las grandes cuatro montañas sagradas budistas que hay en China. Sagrada pero accesible, ya que podemos llegar a lo más alto de ella ya sea a pie, como hacen los peregrinos, o cómodamente en teleférico.

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Uno de los aspectos más curiosos para los viajeros occidentales que se lanzan a la aventura de visitar el Templo Dorado es que tienen que caminar a través de un frondoso bosque habitado por cientos de macacos tibetanos, siempre preparados para robar la comida de las mochilas de los visitantes despistados.

A veces, sobre todo en invierno, la lluvia y la niebla convierten este paseo en una dura prueba, pero no exenta de magia y cierto misticismo. ¿Una ceremonia de iniciación al universo budista? Tal vez.

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Y por fin, al final del camino, aparece la visión mágica: el Templo Dorado, justo detrás de la estatua de Puxian. Entre ambos hay un lugar especial para quemar ofrendas de incienso, siempre con el debido respeto a los creyentes y cumpliendo escrupulosamente las normas de comportamiento de estos lugares santos tan abundantes en Asia.

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