Sylt, la aristocrática isla del Mar del Norte

Bañada por aguas más frías que las de la Costa Azul, hay una isla en el Mar del Norte que aun hoy compite con lugares como Niza, Montecarlo o Cannes. Nos referimos a Sylt, una isla alemana de apenas 100 kilómetros cuadrados bendecida por paisajes variados y sugerentes. El escenario elegido por la aristocracia alemana para veranear durante la primera mitad del siglo XX.

Todavía hoy se respira en Sylt esa atmósfera encantadora de glamour que se puede rastrear en sus elegantes hoteles, sus exclusivos clubs náuticos y sobre todo en las características sillas de mimbre con parasol que salpican todas las playas. La Belle Époque sigue viva aquí, y sigue atrayendo a los amantes de las vacaciones clásicas y a los nostálgicos de aquellos  años.

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Pero dejando de lado el aspecto mítico de Sylt como símbolo de una época, esta isla posee argumentos suficientes para ser un destino de viajes espectacular. La costa cuenta con una belleza salvaje y provocadora: al norte, un mar de dunas onduladas separa el oleaje de los pastos en los que pacen tranquilamente grandes rebaños de ovejas; al sur, a resguardo de los vientos septentrionales, hay un distinguido campo de golf y los mejores restaurantes de la isla, incluido el legendario Sansibar.

Entre ambas hay una larga carretera que conecta las pequeñas poblaciones de Sylt, los principales hoteles y un  pequeño aeropuerto. No faltan los lugares para divertirse, la llamada Whisky Mile, una larga calle llena de las tabernas y bares de copas: la parte más bohemia de Sylt.

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Uno de los elementos más icónicos de Sylt son las Strandkörbe (las típicas casetas de mimbre), que forman parte del imaginario popular de los alemanes que visitan la isla. Otros elementos evocadores que hacen de este lugar un destino especial son sus faros solitarios, pequeños barcos pesqueros o las aldeas de casas bajas con techo de paja. Verdaderas postales para soñar.

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